Stuff by Hilary Duff

Tras un agrio debate hemos convenido que la estrella innecesaria a analizar esta semana sea Hilary Duff, desbancando a Jamelia y Rachel Stevens por un puñado de votos. Por Tadeusz.

El rastro dejado por el legado de nuestra invitada es amplio y de incuestionable importancia. Celebrity Disney anterior a Miley, la Duff ha sabido administrar sus esfuerzos para cantar, bailar, componer, actuar, producir y filantropear casi sin despeinarse ni deshacer ese mohín de patita antipática que tanto la caracteriza.

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En sus inicios tras abandonar Lizzie McGuire, la serie pre-Jana Montana que la catapultó al éxito, nuestra invitada editó el disco de-niña-a-mujer necesario para construir una carrera de zorrupia saludable. Metamorphosis apestaba a soft-teen-rock, estilo que tanto agradaría a las amigas de Blossom pero cuyo valor musical se hunde en lo dudoso. Party Up es de lo más salvable dentro del conjunto con su rollo country macarra y sus vientos de mentira.

El segundo disco fue un pelotazo inexplicable dada la profusión de recursos manidos y riffs sonrojantes que sin embargo contiene un himno generacional olvidado llamado Haters.

You want my friends / You want my clothes / You’re one of those haters

You say your boyfriend’s sweet and kind / But you got your eyes on mine

hilary duff

Tras este camino de tropiezos artísticos y triunfos comerciales Hilary edita Dignity: su obra cumbre y posiblemente la razón de que en estos momentos estemos escribiendo sobre ella.

A pesar de ser el disco de estudio menos vendido de los tres, Dignity supone un interesante giro hacia la pista de baile y contiene ese trallazo atemporal que es Stranger. Su importancia como preludio de éxitos étnico-festivos actuales (me viene a la cabeza Come on, Get it de Selena Gómez) es incontestable; además es la canción con la que HD da rienda suelta a toda su antipatía en cada actuación en vivo. Como muestra nos sirve el Dignity Tour (a la venta en Youtube) que tiene el mérito de parecer de 2001 habiéndose desarrollado en 2007 y 2008 o la mítica actuación en el Rockefeller Plaza que enlazamos. Sólo por este directo Hilary Duff merece un puesto de honor en el Olimpo de las divas desganadas, con permiso de Brit. Nos referimos no a esas divas que actúan muertas de cansancio o de resaca, sino a las que lo hacen mal aposta porque simplemente no les apetece estar ahí. Ahí reside su magia: Hilary pasa de subir medio tono cuando toca confiándose al pregrabado, ejecuta el dance break sin un ápice de energía, se acerca al público altiva para alejarse en realidad un poco más y dedica al respetable un sinfín de rictus arrogantes que ríete tú de Vicky Beckham.

Insistimos encarecidamente en el visionado de este pedazo de historia.

A la espera del cuarto disco prometido seguimos recreándonos en algunos de sus highlights como aquel homenaje a destiempo que la Duff hizo a Depeche Mode. Jamelia ya había hecho lo propio sampleando la misma canción dos años antes y con mucha más gracia, aunque el videoclip correspondiente nos deja otro catálogo de gestitos bordes que nos enamora un poco más.

En el terreno estrictamente extramusical encontramos una conexión apasionante con Lindsay Lohan. Hilary comenzó a salir con Aaron Carter (sí, caris: I want candy) y fue abandonada al año y medio, empezando la Carter a salir con LiLo. El caso es que también se cansó de Lilo y Aaron volvió con HD. Las malas lenguas aseguran que el hermano de Nick simultaneó a las dos. Lohan se vengó de nuestra guest star parodiándola en un programa de televisión aunque poco después le pidió perdón.

Conclusión: el hijo de Hilary no es de Aaron Carter y LiLo sigue enganchada a la cola de carpintero.

Tan excitante como esta historia es la capacidad empresarial de nuestra protagonista que abarca ropa y complementos (Stuff by Duff se llama la marca; cómo te quedas…) o fragancias femeninas. Hasta el momento son dos los perfumes que se han lanzado con su nombre: With Love y Wrapped With Love by Hilary Duff.

En el cielo de las patentes ha muerto un querubín.

Cerramos capítulo con otro directazo de Hilary hasta el parrús de su propia gloria. Lo nuestro no es amor, es pura obsesión.

 

 

 

 

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